Un centro de energía selvática que magnetiza, donde sus altos árboles tocan el cielo y el agua que corre por sus ríos, purifica. Estamos entrando al Nangaritza, un territorio sub tropical de la Amazonía, conocido como paraíso ecológico del Ecuador. Su nombre tiene una curiosa etimología, deriva de la palabra Nankais en lengua Shuar que significa: río de plantas venenosas.

Nangaritza en lengua shuar significa: río de plantas venenosas.
Para trasladarnos, hay que cerrar un momento los ojos e imaginar tierras y paisajes verdes en todas sus tonalidades, oliva y esmeralda en mezcla con musgo y helecho, matices que caracterizan este valle tan especial. Como si la fotosíntesis hubiera decidido pintar el lugar, color vida. Y el sonido del río fuera la música de esta cinematográfica y salvaje escena.
El Nangaritza se encuentra en la provincia de Zamora Chinchipe al sur del Ecuador, conectando Los Andes con la Amazonía. Es el lugar de mayor asentamiento de la etnia Shuar, una de las ocho comunidades indígenas amazónicas del Ecuador, que también comparten sus tierras con otros colonos y comunidades.
Es rico en biodiversidad y recursos naturales, aquí están o conectan algunas de las áreas protegidas del Ecuador, como el Parque Nacional Podocarpus, el Área de Conservación Los Tepuyes, la Reserva Ecológica Cerro Plateado, entre otras. También el Río Nangaritza, afluente del Rio Zamora, donde se deslizan canoas para llegar al Alto Nangaritza. Todo en conjunto se transforma en un templo de la naturaleza en el Ecuador.

Pero no todo es tan mágico, este paraíso tiene un lado B: existe mucha riqueza mineral. Esto ha provocado problemas de minería ilegal amenazando su región, que a la vez es hogar de especies únicas ahora en peligro de extinción, como la rana mono verde naranja. Dicen que estas tierras podrían compararse con la riqueza del Yasuní o hasta más, imaginen que en cada expedición científica al Alto Nangaritza se descubren entre 10 y 20 especies nuevas de flora y fauna. Este es uno de los pocos bosques nativos y vírgenes que quedan en el Ecuador. Por esto y más sus habitantes luchan y defienden estas tierras con alma, derecho y con muchísima razón. La explotación minera también conlleva contaminación, enfermedades y pérdidas no recuperables.
La protección de la naturaleza, es parte de la cosmovisión de sus pueblos y de sus derechos humanos. Sus costumbres, tradiciones y rituales parte del espíritu de este lugar tan sagrado.
La protección de la naturaleza, es parte de la cosmovisión de sus pueblos y de sus derechos humanos.
Al Nangaritza hay que cuidarlo. No podemos perderlo. Tenemos que visitarlo y sentirlo, impulsando un turismo ecológico, sustentable y local. Pero sobre todo, hay que defenderlo. Y quien sabe, hasta convertirlo en un altar de la riqueza natural y multicultural ecuatoriana.


